ASUMIR EL LIDERAZGO OTORGADO POR DIOS

Dios le ha dado a los maridos un lugar bien definido de responsabilidad en el matrimonio y la vida familiar. Muchos hogares se están desintegrando debido a que los maridos hombres han fallado en cumplir sus responsabilidades dadas por Dios.

Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”
1 Co. 11:3

Lo primero que el Espíritu Santo declara aquí, es que Cristo es la cabeza del hombre. Para cumplir con su responsabilidad fielmente, el marido debe estar bajo la autoridad del Señor Jesucristo. Uno no puede tener verdadera autoridad a menos que esté bajo autoridad, y toda autoridad viene de Dios (Ro. 13:1). Yo estoy convencido de que ningún hombre es capaz de ser todo lo que un esposo y padre debe ser, a menos que esté plenamente sometido a Cristo. Lo que un hombre realmente es se aprecia en la imagen de un hombre de corazón tierno que permite que Jesucristo gobierne su vida plenamente.

La instrucción que Pedro da a las mujeres en 1 Pedro 3:1-6 está precedida por la instrucción a los hombres, acerca de la importancia de relacionarse correctamente con las autoridades delegadas por Dios (1 P. 2:13-25). El siguiente capítulo comienza dando instrucciones a la esposa, sobre la forma en que ella debe relacionarse con la autoridad de su esposo. Pedro enseña que la mujer debe estar bajo la autoridad del esposo, tal como él debe estar bajo la autoridad del gobierno, de su patrón, o de sus líderes de la iglesia. Sin embargo, si el hombre no responde correctamente a las autoridades que Dios ha puesto sobre él, ¿cómo puede él esperar que su esposa responda correctamente a su autoridad? El punto es que un hombre cosechará lo que siembra. Si él no está bajo autoridad, reproducirá lo mismo. La resistencia de una mujer al liderazgo de su esposo puede ser el reflejo de la actitud de él hacia sus líderes.

Hace muchos años, me llamaron para aconsejar a un hombre cuya esposa lo había dejado con el resto de la familia. Su declaración abierta era: “quiero que mi esposa regrese”. Cuando me compartió los detalles de la situación, el Espíritu Santo me estuvo repitiendo que le preguntara como andaba en su trabajo. Ante mí estaba sentado un hombre hablando de problemas maritales, y el Espíritu Santo me pide que le pregunte acerca de su trabajo. Para mí, esas dos cosas no se relacionaban, pero yo ya había aprendido que el Espíritu Santo siempre sabe lo que está diciendo.

Cuando le pregunté sobre su situación de trabajo, me respondió que odiaba su empleo, y a su jefe. El Espíritu Santo me dirigió entonces a conectar la importancia entre su relación y respuesta a sus autoridades, con la relación hacia su esposa. Él comenzó a dejar que Dios obrara en su corazón para hacerlo un empleado fiel, con una actitud excelente hacia un jefe difícil. Cuando su corazón fue cambiado, también su esposa cambió su actitud hacia él. Después de un tiempo, su esposa regresó con él y tuvo un empleo diferente con mejor salario y condiciones. En cierta medida, él había cosechado lo que había sembrado. Cuando sembró una nueva semilla, los resultados fueron nuevos y más agradables. Los esposos necesitan dejar que Jesús sea la cabeza de sus vidas.

La segunda cosa aquí establecida por el Espíritu Santo, es que el varón es cabeza de la mujer. Esto significa que el marido ha recibido la responsabilidad de ser el líder del hogar bajo el liderazgo de Cristo. En el imperio Medo-Persa, se dictó un decreto a todas las provincias del reino, que todo hombre afirmara su autoridad en su casa (Est.1:22). Muchos hombres se niegan, o por lo menos son renuentes a aplicar un buen liderazgo en sus casas. Casi siempre esto resulta muy difícil para la esposa ya que el marido no ejerce un gobierno al que ella se pueda someter

Cuando consideramos lo que es estar colocados como cabeza del hogar, a menudo los hombres se deleitan en la idea de todos los privilegios que tienen como líderes de su hogar. Su actitud destila la idea de que en vista que son la cabeza del hogar, pueden hacer lo que les plazca. Todos en la familia tienen un solo propósito: servir al líder, y hacerlo feliz. Esa no es una forma piadosa de pensar.

Cuando Dios habla de ser la cabeza, él indica responsabilidad, no privilegio. Ojalá que cada esposo y padre se dé cuenta que un día estará delante de Dios para dar cuentas de su responsabilidad de liderazgo hacia su familia.

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han
de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso” (He. 13:17)

Todo hombre debe tener el deseo de presentar a cada miembro de su familia ante el Señor con gozo, sabiendo que ante el Señor, él ha hecho todo lo que pudo hacer para guiarlos en las sendas de justicia, a fin de poder oír al Señor decir: “Bien, buen siervo y fiel” (Mt. 25:21).

Te amo en el amor del Señor Jesús.

¡Dios te bendiga!

Pastor Wiliam Recinos.

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