Dios ha determinado que el liderazgo del marido ayude a cada miembro de la familia a desarrollar todo su potencial tanto en el plano natural como en el espiritual. El Apóstol Pablo nos demuestra que el liderazgo de Cristo cría a la iglesia hasta la madurez:
A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia
Ef. 5:27-29
De la misma manera, el marido tiene que buscar a Dios para pedirle ayuda para dirigir a cada miembro de su familia. Algunos hombres llegan a frustrarse con sus esposas debido a sus deficiencias, pero Dios quiere darle al hombre una nueva perspectiva. Su esposa debe ser vista como un potencial a ser desarrollado; finalmente, lo que ella llegue a ser está determinado en gran parte por lo que él invierta en la vida de ella.
He animado a muchos esposos diciéndoles que si a ellos no les gustan ciertas cosas de sus mujeres, ellos cargan con gran parte de la responsabilidad. La mujer refleja el liderazgo y carácter de su esposo: “la mujer es gloria del varón” (1 Co. 11:7b). Por supuesto, sabemos que el marido no puede cambiar a su mujer. Él debe buscar al Señor y recibir la dirección correcta para ayudarla a que ella obtenga victoria en las áreas deficientes de su carácter. Frecuentemente el marido reacciona ante su esposa con críticas, aspereza o amargura, que sólo sirven para derribarla, en lugar de sacarla de sus áreas problemáticas.
Un breve relato nos ilustra de manera hermosa, que la inversión de un hombre en su esposa afecta enormemente en el progreso de la mujer. Un joven empresario de una isla en el Pacífico quería una esposa muy especial. La costumbre del lugar marcaba que la dote por una elección razonable eran dos o tres vacas, pero por alguien muy especial eran cuatro o cinco. La mayoría de los hombres regateaban con los padres de la muchacha para obtener el precio más bajo posible, pero este hombre no lo hizo así. Él deseaba una esposa súper especial, así que le ofreció ocho vacas al padre de la muchacha que él había escogido. Ella no era nada especial a los ojos de la mayoría del pueblo, y su padre se habría sentido muy afortunado en recibir de algún otro una o dos vacas por ella. Pero debido a que este joven invirtió mucho por obtenerla, ella se sintió profundamente impresionada en su concepto de sí misma. Las otras mujeres cuyos esposos habían regateado su precio, bajaron su autoestima. Esta muchacha, en cambio, llegó a ser apreciada como una mujer de belleza y dignidad, que la dio a conocer por toda la isla como “la esposa de las ocho vacas” (McGerr, 1988, p.138).
¿Qué ha invertido usted de su propia vida en su mujer, para ayudarla a ser lo que usted quiere que sea? Algunos hombres quieren una esposa de ocho vacas, pero solamente quieren invertir un pollo flaco. Al respecto, es verdad el viejo adagio: “Sólo tienes lo que puedes pagar”
Te amo en el amor del Señor Jesús.
¡Dios te bendiga!
Pastor Wiliam Recinos.
