«Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena» (RVA). La versión RV 1909 dice: «Sin profecía el pueblo será disipado».
Proverbios 29:18
La revelación nos da una visión, o una meta que alcanzar, con relación a lo que el Señor quiere lograr en nuestra vida. Sin esa visión, las cosas de Dios pueden parecer sin valor. Quitaremos toda restricción para entrar en un letargo y en falta de propósito. Peor aún, cuando carecemos de metas espirituales, en su lugar nos concentraremos en metas naturales para nuestra vida. Esto sucede porque cuando Dios creó al hombre para tener dominio sobre la tierra, Él puso en el corazón del hombre el deseo de tener
éxito, de ser un vencedor y de hacer grandes cosas.
Las personas en todo el mundo aspiran a ser atletas, músicos, cantantes y actores populares. Otros buscan convertirse en empresarios o políticos de éxito. Sin embargo, por encima de todas estas cosas, necesitamos tener una visión de los planes eternos y gloriosos de Dios para nuestra vida. Cuando obtenemos una visión celestial del llamado de Dios, entonces las metas naturales en las que muchas personas buscan satisfacción se ven como cosas insignificantes y de corto alcance. Como ejemplo,
veamos la diferencia entre los objetivos naturales y los espirituales.
Pablo escribió: «ellos [los que corren una carrera] para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible».
1 Corintios 9:25
Sabemos que muchos atletas emplean mucho tiempo, esfuerzo y dinero en intentar ganar premios. Una
encuesta realizada en uno de los Juegos Olímpicos ilustra los sacrificios que muchos atletas están dispuestos a hacer. Se les preguntó a los competidores que si existiera una droga disponible que les garantizara ganar una medalla de oro, estarían interesados en tomarla aunque uno de los efectos secundarios de esa droga fuese la muerte en cinco años. La increíble mayoría de los atletas respondieron: «¡Sí!».
Aunque las medallas olímpicas bañadas en oro cuestan aproximadamente 26 dólares, un campeón olímpico recibe honra y honor de este mundo, por los cuales estaría dispuesto a dar hasta su propia vida aunque sólo pudiera obtenerlos por unos cuantos años. Sin embargo, ¡cada cristiano puede prepararse para recibir un mejor y más excelente peso de gloria!
Esto ayuda a mostrarnos cómo una visión o propósito nos da motivación. Cuanto más grande sea la meta, mayor sacrificio están dispuestas a hacer las personas para alcanzar sus planes. Por eso necesitamos más revelación de Dios, pues nos motivará a soportar la preparación y a aceptar los sacrificios necesarios para alcanzar la meta del supremo llamamiento de Dios para nuestra vida.
Cuando ese mercader encontró una perla de gran valor, vendió todo lo que tenía para obtenerla. De
modo similar, nosotros deberíamos encontrar algo tan excepcionalmente precioso en el Reino de Dios, que dediquemos nuestra vida y nuestros recursos para obtenerlo. Martín Lutero encontró el tesoro de la
justificación por la fe, mientras que Katherine Kuhlman encontró las riquezas de la sanidad divina. Ellos soportaron dificultades increíbles para poder llevar a cabo sus ministerios debido a la grandeza de lo que el Señor les había mostrado.
Sin embargo, mucho más allá de los pocos años de nuestra actual vida y ministerio terrenales, ¡Dios tiene planes mucho mayores para nosotros!
Pablo dijo: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse»
Romanos 8:18
¡Él debió de haber tenido
una vislumbre gloriosa de la esperanza futura del cristiano
para que considerara que tales sufrimientos: tres palizas,
tres naufragios, 196 latigazos y muchos encarcelamientos
¡Él debió de haber tenido una vislumbre gloriosa de la esperanza futura del cristiano para que considerara que tales sufrimientos: tres palizas, tres naufragios, 196 latigazos y muchos encarcelamientos, eran algo insignificante!
Al final de su vida, el apóstol fue capaz de exclamar triunfalmente:
«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás me está
guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquél día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida»2 Timoteo 4:7-8
Pablo nos dice que una de sus recompensas eternas es una corona de justicia, mucho más gloriosa y valiosa que la perecedera corona de hojas de laurel que los atletas olímpicos de su día luchaban por obtener. ¡Asimismo, Pablo dijo en este versículo que cada cristiano puede obtener esta recompensa eterna! Hay un llamado glorioso que se ofrece a cada hijo de Dios.
¡Dios te bendiga!
Pastor Wiliam Recinos.
