Muchas mujeres, si no es que la mayoría, son conocidas por su aguda sensibilidad en las situaciones de la vida. En general, las mujeres tienden a ver las cosas a través de los ojos de la emoción. Dios ha creado estupendamente a la mujer para ser como es. Sus maridos necesitan el balance de esta estimulante diferencia en el diseño femenino. Sin embargo, esta parte del alma de la mujer tiene que ser puesta bajo el control del Espíritu Santo. La palabra discreta significa “tener una mente sana, tener sanos los sentidos, refrenar los deseos, o tener dominio propio”. Si esta parte del alma de la mujer no está amarrada y sujetada bajo control, puede volverse muy difícil, si no imposible, conducirla. Ella deja que sus sentimientos y temores la esparzan a cualquier dirección, imposibilitando que sea lo que Dios la ha llamado a ser como esposa, madre y cristiana.
En Lucas 21:19, Jesús nos dio una de las claves para soportar las turbulencias de los últimos días: “con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas”. Debemos poseer nuestra propia alma; el alma comprende la mente, las emociones y la voluntad. Nuestra alma no debe tener control de nuestra vida, más bien debe ayudar a que nuestro espíritu se mueva con dirección del Espíritu Santo en nosotros.
El hombre necesita desesperadamente la perspectiva y el punto de vista de su esposa, en toda circunstancia. Sin embargo, si ella no ha aprendido a ser discreta, será difícil recibir su opinión. Si ella se vuelve extremadamente emocional y desbordada, dificultará que él determine la voluntad de Dios en esa situación.
Muchas mujeres no han aprendido este dominio propio, y en lugar de eso reaccionan de una manera que finalmente provoca que sus maridos las corten e ignoren sus arrebatos emocionales. Si la mujer ha aprendido a confiar en Dios, puede quedarse callada y creer que Dios obrará para bien mientras ora para que su esposo tome la decisión correcta
Te amo en el amor del Señor Jesús.
¡Dios te bendiga!
Pastor Wiliam Recinos.
