Dios ha decretado que el marido sea el líder de su mujer y sus hijos, su programación interna es para ser un líder, siempre se sentirá frustrado cuando sienta que no puede conducir a su esposa. Mientras algunos hombres carecen de habilidades para el liderazgo, también es cierto que algunas mujeres se rehúsan a ser
guiadas. Cuando Dios manda a la esposa que sea obediente a su esposo, eso significa que debe sujetarse voluntariamente a su marido, a su consejo y reconvención. Hemos observado muchos hombres que se sienten muy frustrados y resisten a su esposa debido a que ellas se niegan a aceptar su liderazgo. Esto causa que la palabra de Dios sea blasfemada; la obediencia de la mujer afecta profundamente al marido de muchas maneras.
Cuando pastoreamos por primera vez una pequeña congregación compuesta principalmente por mujeres, le pregunté al Señor por qué teníamos tan pocos hombres. El Señor me habló que la solución estaba en las esposas. Cuando buscamos al Señor por Su consejo para ellas, empezamos a enseñarles, y ellas les respondieron en obediencia y respeto. Los maridos entonces comenzaron a responder al Señor de una manera nueva.
A lo largo de más de veinticinco años de pastorear, hemos visto que muchos hombres inclinan su corazón al Señor en cuanto sus mujeres empiezan a cambiar. Al principio, yo creía que Dios tenía que empezar a obrar el cambio en el marido y después en la mujer, hasta que me di cuenta que Dios se dirige primero a la esposa para instruirla en el orden de Dios. Es como si el marido necesitara el apoyo de su mujer antes de que el Espíritu Santo pueda comenzar a cambiar ciertos aspectos en su vida. Esto es semejante a la persona que necesita urgentemente una cirugía, pero primero tiene que haber sanado de la infección para soportar la cirugía. Los hombres necesitan tanto el apoyo de su mujer que, generalmente, Dios comienza a obrar primero en ellas. Cuando la mujer aprende a confiar en Dios y a ponerse bajo el liderazgo de su esposo, hemos observado que estos hombres empiezan a ser líderes en la iglesia y en otros aspectos de la vida. Si la mujer aprende a seguir, el marido aprende a ser mejor guía.
Como ya mencionamos, una de las dificultades que enfrenta la mujer al tratar de ser obediente a su esposo es el problema de encarar dos deseos opuestos en su propio corazón. Este conflicto es resultado de la caída del hombre por desobediencia. Génesis 3 determina: de ti” (ver.16). El deseo natural de la mujer es tener un hombre fuerte y amoroso que la arrebate a su caballo blanco y galope con ella al horizonte, para vivir en un bello castillo donde ella es atendida como una reina, viviendo feliz para siempre bajo su liderazgo seguro
y decisivo. Ella se imagina protegida y defendida en cada situación por el cuidado y la firmeza de su maravilloso marido; vive constantemente en un ambiente donde todo su deseo es preocuparse por deleitar a su esposo. De todo su corazón deja que su esposo tome la posición que Dios le ha dado como líder sobre ella. Pero la realidad es muy distinta. El otro deseo de tener control sobre el hombre se manifiesta en ciertas situaciones; tratando de ser su conciencia, regañándolo, y tratando de controlarlo con actitudes subversivas que manifiestan este conflicto interno en su corazón. A veces la madre encuentra fácil transferir sus métodos de instrucción, y usa a sus hijos en su relación con su esposo.
Muchas culturas son matriarcales en su funcionamiento, pero esto es consecuencia de la ignorancia y del rechazo a los caminos de Dios. Dios sabe cómo debe conducirse la mujer para que el esposo cumpla con libertad su responsabilidad hacia ella. Dios la ha creado para funcionar de manera exclusiva y hermosa. Cuando la mujer busca a Dios por gracia para cumplir su función en la vida, el Señor generosamente suplirá todas sus necesidades y la llevará a una feliz realización
Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba…engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Dadle el fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos
Pr. 31:28, 30-31
Te amo en el amor del Señor Jesús.
¡Dios te bendiga!
Pastor Wiliam Recinos.
