Los hijos son un precioso regalo de Dios. No obstante, en nuestros días, mucha gente piensa que los hijos son una interferencia a su propia búsqueda de placer, riquezas o prominencia. Pablo nos advierte lo extremadamente peligroso de los tiempos finales de la Era de la Iglesia, en que la gente estará “sin afecto natural”
Esta frase literalmente significa “ser duro de corazón (frío, insensible, descuidado) hacia su propia familia”. Somos testigos de muchas madres que no habiendo tenido ellas mismas una buena madre, carecen de esas cualidades esenciales en una madre. No tienen esa dulce ternura que brota con naturalidad del corazón de una madre.
¿Diste tú hermosas alas al pavo real, o alas y plumas al avestruz? El cual desampara sus huevos, y sobre el polvo los calienta, y olvida que los puede pisar, y que puede quebrarlos la bestia del campo. Se endurece para con sus hijos, como si no fuesen suyos, no temiendo que su trabajo haya sido en vano; porque le privó Dios de sabiduría, y no le dio inteligencia
Job 39:13-17
La dureza de una madre hacia sus propios hijos, combinada con falta de sabiduría, dejará a los hijos con grandes brechas en su desarrollo y formación. Las enfermeras dicen que ellas pueden determinar la clase de madre que será una mujer por las palabras y el tono de voz que ellas usan con su recién nacido.
Dios ha propuesto que las mujeres piadosas de mayor edad, enseñen a las jóvenes a amar a sus hijos. Este amor es una entrega de ellas mismas para el bien de sus hijos. Su vida tiene que estar comprometida, no con sus propios sueños, sino en invertir toda la bondad y el temor de Dios en instruir a sus hijos, para que ellos puedan echar mano de ello unos pocos años después.
Considere la variedad y la cantidad de instrucción que se necesita para preparar a un hijo a fin de que sea lo que Dios lo ha llamado a ser, a obedecer, a conocer la Palabra de Dios y Sus caminos, aprender higiene personal, a mantener una apariencia sana y piadosa, aprender y practicar modales y conducta correcta en las distintas situaciones de la vida, y adquirir una buena capacidad de comunicación. Esas son sólo unas cuantas áreas de instrucción que podemos mencionar.
Sólo por la gracia de Dios una madre puede invertir su tiempo y energía con más sabiduría en sus hijos. La recompensa inmediata, y la eterna de esta inversión, bien valen la pena. Casi siempre la madre necesitará apoyo, consejo y aliento por parte de su esposo, pero la instrucción reforzante de las mujeres más experimentadas y maduras es también esencial.
Satanás trata de destruir a los niños en su infancia. Dios quiere que los críen madres con el temor de Dios que le nieguen a Satanás esa oportunidad, instruyendo a sus hijos, y preparando la buena semilla que cumplirá toda la voluntad de Dios. ¿Qué responsabilidad más grande puede cumplir una madre? ¿Si ella no ocupa este lugar en la vida de sus hijos, quién lo hará? Es un privilegio y un honor preparar gente para el reino de Dios.
Te amo en el amor del Señor Jesús.
¡Dios te bendiga!
Pastor Wiliam Recinos.
