La responsabilidad de un esposo temeroso de Dios demanda una apreciación constante de su orden de prioridades. A veces, el clamor por atención inmediata puede venir de muchas direcciones distintas, de manera que se dificulta saber cuál es lo próximo a realizar. Pero hay ocasiones en que es necesario conceder mayor atención a cierta área de responsabilidad por encima de las demás. Esto debe ser una situación temporal, y no debemos dejar que se convierta en una forma de vida permanente. Consideremos esta lista de prioridades:
- Dios
- Nuestra esposa
- Nuestros hijos
- La iglesia y ministerio al Cuerpo de Cristo
- Ministrar a los inconversos
- El empleo
- Otros intereses: pasatiempos, recreación, etc.
- Dios
Nuestro Dios es un Dios celoso que no permitirá que ninguna cosa sea antes que nuestro amor y compromiso con Él.
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”
Mt. 22:37-38
“Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”
Lc. 14:26
Si le damos prioridad a otras cosas antes que al Señor, sobrevendrán problemas en nuestro matrimonio y
vida familiar. Una lección muy importante que aprendí en mi observación, fue a nunca poner las relaciones familiares antes que nuestro amor por el Señor. Si usted pone a Dios en primer lugar, Él le mostrará a usted como traer a su familia a Su reino.
2. La esposa
Nuestro segundo orden de compromiso debe ser nuestra esposa. Ella debe saber, y ocasionalmente reafirmárselo, que ella es más importante para nosotros que nuestros hijos, nuestro trabajo, nuestro ministerio, y otros intereses. Si ella no recibe ese lugar por encima de las demás áreas de responsabilidad, sin duda alguna, ella sufrirá. Sin embargo, jamás debe ser puesta por encima de la importancia del Señor nuestro Dios.
En Génesis 25 se narra parte de la historia de Isaac y Rebeca; por decisión del Señor, ellos fueron felizmente unidos; podríamos decir que el matrimonio de ellos fue hecho en el cielo. Sin embargo, la relación entre ellos degeneró hasta el punto en que existió un marcado favoritismo, en el que Isaac amaba a Esaú; y Rebeca a
Jacob (Gn. 25:28). Por alguna razón que la Escritura no revela, Isaac puso a su hijo Esaú antes que a su esposa, lo cual produjo que más adelante ella ayudara a Jacob para engañar a su padre. Los padres deben mantenerse en unidad para bien de los hijos; pero debido a que Isaac honró a su hijo antes que a su mujer, al final cada miembro de la familia salió perdiendo.
Mi esposa y yo hemos sido testigos de que en algunas naciones el esposo come con su hijo, y luego de haber terminado, su mujer y su hija comen lo que ellos dejaron. Esto no debe ser así. Este tipo de prácticas culturales debe cambiar cuando recibimos al Señor.
3. Los hijos
Los hijos son un regalo maravilloso del Señor. Él nos los da para que los enseñemos en los caminos de Dios, a fin de que le entreguemos a Dios una simiente piadosa. Cuán importante es tener nuestras prioridades gobernadas por Dios para que nuestros hijos puedan tener las mejores oportunidades en la vida. Cuando
el padre pone al Señor en primer lugar en su vida, eso tiene un efecto profundo sobre los hijos, haciéndolos amar a Dios y empezar a entender Sus caminos.
Alguien dijo una vez que uno de los más grandes regalos que un padre le puede dar a sus hijos es amar a la madre de ellos. ¡Qué bendición tan maravillosa reciben los hijos de padres que fluyen en armonía el uno con el otro bajo el cuidado del Señor! A veces, Dios permite las pruebas para que no pongamos a nuestros hijos por encima del Señor. Abraham enfrentó una severa prueba en este sentido (Gn. 22). Su disposición para poner a Isaac sobre el altar, en obediencia al Señor, garantizó enormes bendiciones para las generaciones venideras.
4. La iglesia y el ministerio al Cuerpo de Cristo
Está comprobado que es de suma importancia que la familia se involucre en la iglesia; de un miembro a otro se transmiten fortaleza y ánimo para andar en los caminos de Dios. Sin embargo, algunos hombres, especialmente los que son misioneros o pastores, les cuesta trabajo distinguir entre su amor por el Señor, y su amor por su ministerio a la iglesia. Somos testigos que muchas familias de pastores han sido devastadas por los excesos del pastor en su compromiso con la obra del Señor. Dios quiere que cada miembro del Cuerpo de Cristo funcione y produzca buenas obras. El apóstol Pablo escribió que la familia de Estéfanas se había dedicado a servir a los santos (1 Co. 16:15). El Señor nos manda trabajar con diligencia, sin embargo, el ministerio jamás debe colocarse por encima de nuestras responsabilidades hacia nuestra esposa e hijos. Una de las cualidades de un líder de la iglesia es que el hombre debe gobernar bien su propia casa.
Con los años, hemos vivido muchos tiempos de presión como familia en el ministerio. El Espíritu Santo, periódicamente me ha recordado que mi familia debe tener mayor prioridad antes que el ministerio a la gente. A partir de un hogar que funcione correctamente, se desarrolla un ministerio capaz de influir positivamente a los demás. Qué triste es cuando un hogar cristiano, debido a su mal funcionamiento, fracasa en ser una invitación para que las almas se acerquen al Señor y Sus caminos. Todos tenemos el deseo de servir al Señor, pero debe ser conforme a Su orden.
5. El ministerio a los inconversos
La Palabra de Dios nos manda predicar a todos el Evangelio. Todos tenemos esa responsabilidad, una familia que está funcionando correctamente es una oportunidad para que la gente “guste y vea que el Señor es bueno” (Sal. 34:8) al comer el fruto espiritual de nuestras vidas.
Es esencial mantener el orden de Dios en esta materia, pues algunos han descuidado sus familias para alcanzar a los perdidos. Muchos dicen: “¡Los perdidos alcanzad, a cualquier costo pagad!” Esto puede sonar muy noble, pero si por causa de ello perdemos nuestra propia casa, ¿qué habremos ganado? Nuestras responsabilidades familiares no deben ser una excusa para no testificar a los perdidos, así como tampoco, testificar a los perdidos
debe ser una razón para perder a nuestra familia. Conocemos un evangelista que ha viajado mucho y le ha ministrado a miles de personas, pero su propio hijo fue rebelde y murió de SIDA.
6. El empleo
El hombre es responsable de proveer para las necesidades terrenales de su familia, así como todas las otras necesidades. “Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Ti. 5:8). La mayoría de los hombres tienen un fuerte sentido de responsabilidad de proveer para las necesidades materiales de sus familias. Algunos llegan a envolverse tanto en sus empleos que todo lo demás pasa a segundo término. De hecho algunas mujeres dicen que sus maridos están casados con su empleo.
En 1930, después de la Gran Depresión en los Estados Unidos, mucha gente juró que sus hijos jamás sufrirían necesidades como ellos tuvieron que sufrir cuando fueron niños. Los hombres se propusieron en su corazón trabajar todas las horas que fueran necesarias para proporcionar todas las “cosas” que su familia necesitara. Ellos se olvidaron de Dios, de sus esposas y de sus hijos, con el afán de “proveer”. La generación de hijos que vinieron después, de los 60’s a los 70’s, crecieron vacíos espiritualmente. Todas las posesiones por las que se sacrificaron los padres y madres para tenerlas, llegaron a significar nada cuando sus hijos cayeron en rebelión e inmoralidad, y en el uso de drogas. Nuevamente, vemos que cuando no nos apegamos a los caminos de Dios, sobreviene el caos.
Las necesidades materiales son importantes, pero esas no son todas las necesidades de una familia. Pasar
tiempo enseñándolos y amándolos a fin de que tengan cimientos espirituales y morales en su vida, no debe hacerse a un lado por las cosas temporales de esta tierra. La abundancia puede volverse una maldición para la familia si no nos ocupamos de las otras áreas de necesidad.
7. Otros intereses
En estos días, parece que son interminables todas las diversiones que existen para desviar al hombre de las responsabilidades que Dios le ha concedido. Es verdad que todos necesitamos tiempos de recreación, sin embargo, debemos tener cuidado de no dejar que otros intereses como los deportes, pasatiempos o cualquier
otro que persiga placer, nos absorba demasiado tiempo y atención. Puede ser que se trate de actividades totalmente sanas, pero fuera del orden de prioridad en nuestra vida, nos roban lo mejor de Dios. Jamás debemos dejar que estas cosas interfieran en nuestra caminata espiritual.
Al principio de nuestro matrimonio yo tomé la decisión de no envolverme en actividades que me alejaran de mi familia. Como muchos hombres, también yo tengo muchos intereses, sin embargo, no me permito ir en por de cosas que sean solamente para mi beneficio. Una inversión sabia de tiempo, es la recreación que incluye a toda la familia, siempre que se pueda.
¿Qué tan benéficas son muchas de nuestras actividades familiares? ¿Realmente nos dan una oportunidad de hacer crecer nuestra relación, o dividen más a nuestra familia? Cuando dejamos que el Espíritu Santo nos guíe, Él siempre escogerá las mejores actividades para que participemos: aquellas que nos beneficien a todos espiritualmente y como familia. Cuando un hombre busca al Señor diariamente, el Espíritu Santo le conducirá y llevará por un camino que mantenga todas esas diferentes áreas de responsabilidad en la perspectiva y el balance correcto, para que él pueda recibir la bendición del Señor.
Te amo en el amor del Señor Jesús.
¡Dios te bendiga!
Pastor Wiliam Recinos.
